Rincón literario

El beso del adiós

 (Es muy dulce ver llegar la muerte mecido por las plegarias de un hijo.
SCHILLER, Friedrich von)


Con ansias de retenerte en mi cielo
un último ósculo dejé en tu frente,
te miré y supe que estabas ausente,
bañada por la luz, alzaste el vuelo.

Un te amo quedó inquieto en el anhelo
y en aquel amanecer abstinente,
saberte en mí viva, fue el aliciente
y al recordarte encontraré consuelo.

Allá donde el amor es invencible
y donde se une eterno lo incorpóreo,
allá estas, vives, cual hilo invisible.

Susurrando el viento en tu mausoleo,
seca las gotas del dolor tangible
y deja el sueño, de un nuevo alboreo. 

Entre tu desértica arena

Desnuda entre tu desértica arena
desborda su río la esencia mía,
hoguera que calienta noche fría,
y despoja del baldío la pena.

Y brotando como fuente serena
voy recorriendo tu rojo torrente,
estremeciendo tu ser que me siente
oasis bañado de pasión plena.

Como la sombra de luna llena
vierto en tu jardín mi fantasía,
sembrándolo de amor cada día.
Soy manantial donde tu sed sacias,
el génesis de fuego y audacias,
tu río, diluvio tras los besos
y musa que vive en tus versos.
Soy motivo oculto de tu prisa,
y el porqué preguntas a la brisa...
¿Sueño?... ¡No! ¡Soy quien te arde en caricias!

 Pasión nocturna (Prosa Poética)

En noches oscuras, cual abismo infinito, sorprenden las caricias de las estrellas, poesía de luz que callan los secretos de amantes almas, que bañadas en suspiros salpican con besos al cielo, cómplice y cálido nido que cubre sus cuerpos trémulos de pasión.
La noche se llena de magia, las almas gravitan hechizadas, los cuerpos les consumen el deseo y rompe el profundo silencio el viento, con los gemidos y los te quiero.
El cielo no revela lo que a la quietud perturba... la elevación de almas alcanzando la gloria y en el lindero de lo posible flotan: los… ¡Te amo!... ¿Me amas?... ¡Nos amamos!
Rompe la danza y complicidad de la pasión nocturna la llegada de la aurora, grácil y delicada. Las almas con sus cuerpos llenos, cansados y sudorosos, empiezan a descender al suelo, acariciados por el sol, rayos de vida.
Sorprendidos los amantes se miran y sus fuentes, que aun mojan sus cuerpos, intentan iniciar, de nuevo, el fuego…Sus almas acallan el deseo, se detienen, pero permanecen aun las ansias de continuar la poética danza de sus cuerpos.
Bajo el nuevo día caminan silenciosos, llevan en sus cuerpos la chispa del fuego y en el recuerdo los besos del cielo, los gemidos, los temblores y deseos, donde la pasión nocturna susurró, sus ¡Te quiero!... ¿Me amas?... ¡Nos amamos!
La vida se viste de cotidiano, dormitan los deseos, cumplen su papel y ocultan anhelos. El día acompaña lo que de ellos se espera y transitan en el diario trajín.
Las miradas, cual imán, se repiten hacia el reloj, como si aquel fuese el carcelero y poseedor de las llaves de sus prisiones.
Las horas, por ser esperadas, pasan lentamente, la impaciencia se oculta en la vorágine del deber.
Poco a poco el ocaso anuncia su llegada, liberan las almas, se visten de fuego y se repite el sortilegio, de besos de cielo, gemidos, temblores, deseos y los ¡Te quiero!... ¿Me amas?... ¡Nos amamos!

  Con el alma en versos

Soy el alma que yace en estos versos
alma eterna vestida de recuerdos,
con sus cantos de dolores dispersos.

Del jardín cubierto de fantasías,
soy aquella, que quiso ser la dueña
y deleitarse con sus ambrosías.

Soy esa alma que canta al viento inquieta,
la que muere por un antiguo fuego,
la que sin amor vive en una grieta.

Alma que se muere sin tu presencia,
soy ese verso que suspira y ruega
por tener, algún día, tu caricia.

Y al amar la armonía del poema
soy quien por amarte se eleva y vuela,
y cual ciega mariposa se quema.

Soy el alma que gime en estos versos,
esencia que sin descanso delira,
la que pretende amando con su lira...
¡Ser universo y entregarse a besos!

Falso jardinero


Tus luciérnagas plagaron el cielo
donde virgen brillaba mi lucero,
tu fuego de amor, diluvio certero,
como mano rasgó mi íntimo velo.

Mi cuerpo, ayer, inmaduro ciruelo,
cual jardinero, poseíste entero,
tu río lo regó con tal esmero
y tu ardiente sol, detuvo mi vuelo.

Vestí como jardín en primavera
y mis flores con crueldad enlutaste,
con negra lluvia con olor a olvido.

Y sin que mi lluvia te conmoviera
como árbol de tu jardín me talaste,
borrando de cada hoja, lo vivido.

Amor perdido



"No pueden marchitarse los besos
ni crecer en los brazos olvido
porque el amor se queda escondido,
como lluvia interna en nuestros versos".

Cuando la ilusión de amar termina,
el corazón mora en un averno,
el tiempo lo creemos eterno
y vemos de la rosa su espina.
La soledad al alma asesina
y nos convierte, del dolor, presos,
odiamos aquel amor de excesos
y seguimos sintiendo el capricho,
porque el alma cree el viejo dicho:
No pueden marchitarse los besos.

Los días se tiñen de tristeza,
el amor en silencio se envuelve
y del ayer feliz, siempre vuelve,
el momento de mayor belleza
y se olvida la cruel aspereza.
El triste corazón aturdido
no puede entender lo acontecido,
le dio tanto amor, le dio su vida,
que no acepta vivir la partida,
ni crecer en los brazos olvido.

Cuando del alma han arrebatado,
el amor, que ayer pensaba eterno,
se desgarra con dolor interno
y su sueño queda abandonado.
Sólo puede pensar en lo amado
y en que su futuro está destruido,
ya no piensa, solo y aturdido
busca formas de recuperar
¡ay! lo perdido, sin atinar
porque el amor se queda escondido.

Perder el amor es cruel condena
es sentir que la vida se acaba
al perder lo que el alma anhelaba,
es morir en vida por la pena,
cargando una pesada cadena.
Es tomar caminos en reversos
manteniendo los recuerdos presos.
Es componer un triste poema
poniendo el desamor triste lema,
como lluvia interna, en nuestros versos. 


Safe Creative #0910284776365HR